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    June 16

    Hamlet

    Ser o no ser, ése es el problema.

    ¿Qué es más noble para el espíritu? ¿Sufrir los golpes insultantes de la Fatalidad o tomar las armas frente a un mar de calamidades y acabar con ellas?

    Morir. Dormir. Nada más. Sólo con el sueño podríamos dar fin al pesar del corazón y a los conflictos naturales que componen la herencia de la carne. Deberíamos aceptar devotamente esta palabra. Morir. Dormir. Dormir.

    Tal vez soñar. Ahí está el impedimento.

    Porque ¿qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida? Esta reflexión hace tan largo el infortunio.

    ¿Quién soportaría las ofensas y los sarcasmos del tiempo, la brutalidad del tirano, las injurias del soberbio, las angustias del amor desdeñado, la lentitud de la justicia, las insolencias del poder, las vejaciones de los indignos a los hombres de bien, si uno mismo podría procurar su reposo con un simple puñal?

    Uno mismo podría procurar su reposo con un simple puñal.

    ¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida atormentada, si no fuera por el temor de un algo, después de la muerte, esa región ignorada cuyas fronteras no vuelve a traspasar viajero alguno?

    Ese temor confunde nuestra voluntad y nos empuja a soportar los males que nos torturan, antes que lanzarnos a otros que desconocemos.

    Así la conciencia nos convierte a todos en cobardes, y así el pálido pensamiento sofoca la resolución, y las tareas de peso se desvían de su camino, y no merecen ya el nombre de acción.

    Que el aire hable ahora.

    William Shakespeare.